jueves, 12 de noviembre de 2009

ejercicio de poesía

y ya puestos a fardar, aquí pedían que el poema reflejase un color. Os invito a que me digáis cuál....

Jolgorio


Ya mis horas crepitan
con el ardor regio de los recuerdos.
Y sus gestas estallan
Rotas las rejas que las retuvieron.

Son ríos de júbilo
que pronto dejarán heridas
Sobre nuestras pieles

Deseos
Sin freno
Crímenes sin castigo
Partos crepusculares
Y regidos por Marte
Garras
Grietas como gargantas
Donde se fraguan esta vida y la otra


Como latido corro
Entre minas que aún han de explotar
Y solo me guían los celos.

ejercicio sobre los Haikú

Haikú



El río silba
Como una serpiente
Que ha parido el mar



Cae del cielo el sol
En un charco flotando
Tiembla de luz




Un beso dura
Lo que una palabra
En la orilla



Cruzan dos grajos
Como pestañas
Que hace bailar el viento



La bruma tiñe
Con su mirada miope
La luz del bosque



Tras la vendimia
Las uvas olvidadas
Se tornan pasas

lunes, 28 de septiembre de 2009

ejercicio de estilo


RAP

(sin música)

Escucha la voz del Profeta.
No sé si quién me envía es Dios,
o un subproducto del peta,
Pero esta es mi tarjeta:

(comienza ritmo)

Mi vida es un suspiro/respiro/inspiro
Por eso practico yoga y me estiro/
Por eso odio sentirme teledirigido./
Mi vida es un momento entre dos muertes/
Demasiado rápido como para echarlo a suertes/
Donde triunfa el más ligero antes que el más fuerte./
No acumules instantes ni sentimientos reptantes/
Llegó la era de los mutantes/ ya no somos los de antes.

Oíd que dicen que se acaba el tiempo/
el fin de la Historia/
que ya llega la Hora/
La Hora del Ahora,/ del Ahora o nunca/
El largo brazo de la Muerte casi en la nuca/
Por eso nunca te gires, no te detengas/
O te convertirás en piedra/
El pasado fue,//
pero ya lo cubre la hiedra.

Tranquilo, que el tiempo no discurre, hermano
Solo tú eres el que corre en vano./
Te han vendido que cada minuto es oro
Y no has tardado en unirte al coro/
Es más fácil que coger por los cuernos al toro/
Tranquilo.¿Quién dice que se acaba el mundo?/
Debe de ser un ser inmundo/
Que quiere que lleguemos rápido hasta el inframundo/
Hazme caso y no te preocupes por el futuro/
si hubiera un mañana sería demasiado duro./
Pero no,
tenemos suerte
solo existe este vibrante ahora
Súbete a su ola/ subete a su ola//
y luego dime si te aburres o te mola

Mi vida es un suspiro/respiro/inspiro
No acumules instantes ni sentimientos reptantes
No es buen negocio/ en eso no me pidas ser tu socio
Ni quieras acumular conmigo
La hipoteca no es ni Meca/
el mejor banco: un buen amigo

Vive intensamente y recorre todo con tu propia mente
Y lucha por ser Uno/ en vez de ser gente
Sé tú la mariposa que genera el huracán
Y no acabes siendo Chita/ creyéndote Tarzán

Relajate,¿Qué pasa?
No pasa nada
Nunca nada ha de pasar
Porque siempre está pasando
Todo está pasando sin cesar

Escucha la voz del Profeta
Esta es mi tarjeta

La vida es solo un momento entre dos muertes
No lo eches a suertes
Rompe tu reloj
Todo lo que puede ser medido no vale lo que un solo suspiro
Deja de pensar siempre en segundos y quédate con lo primero
Lo único, lo verdadero
El tiempo no es de oro
La vida es el tesoro

La hora del Ahora / mira como aflora
Aquí estoy con mi gente
Enviando un mensaje urgente/
Subete a la ola/
La chispa de la vida/ no está en la cocacola
Subete a la ola/
Aprende a deslizarte/
La virtud no viene sola/
Subete a la ola/
Tú tienes que dar el primer paso/
Yo te espero por si llegas,acaso

Ese ahora que nos devora
Es el antes del después
Que siempre corre a tus pies/
Como la sombra de /peter pan
Escucha, entiéndeme, man/
Vive siempre en presente
Pásalo a la gente
Es urgente/ detente
No seas demente

Slow Intelligency

Creo que muchos sueñan con que la humanidad verá casi doblarse la esperanza de vida durante este siglo, como resultado de los avances en investigación médica. Y hasta cuando sueñan lo hacen con ilusión. No sé si al final llegaremos a vivir tanto como Matusalén, Moisés o Abraham -que, según dice la Tradición, vivieron varios siglos-, pero el cambio que se avecina es enorme: casi un nuevo modelo de ciudadanía, pues seguramente ahora ya no se procuraremos ser eternamente jóvenes -como promueve la sociedad actual-, sino eternamente viejos. Si, las células quizás se regeneren, pero a no ser que descubran como borrarnos los recuerdos, seremos viejos en cuerpos más jóvenes, pero viejos igual.

Las implicaciones de tales revoluciones no sé si habrán estudiado con detenimiento. Lo primero que se me ocurre es que, en un mundo de viejos, en vez de retirarnos a los sesenta y cinco años, podríamos continuar trabajando hasta los ciento veinte, para regocijo de las empresas y entidades bancarias -la opción de cursar hipotecas con una duración de hasta cincuenta o setenta años presentará perspectivas interesantes para ellas.

A nivel familiar, padres y madres podremos dejar los niños no solo con los abuelas, sino hasta con las abuelas de los abuelos, lo que facilitará mucho la movilidad laboral que tanto preocupa en este país. Claro que dicha movilidad también se vería entorpecida por el consecuente aumento del parque automovilístico, y del número de conductores y usuarios de transportes a que nos veremos enfrentados. Por que, si la gente no muere, ¿dónde la metemos? ¿Habrá que construir miles de buques para acoger a las decenas de miles de nuevos usuarios de cruceros que se avecinan? ¿ Casi la misma cantidad que de campos de golf, y gimnasios? Y hospitales, claro. Hospitales muchos. No olvidemos que también es gracias a la medicina y a sus avances por lo que podremos disfrutar más tiempo de nuestras enfermedades. Y descubrir muchas nuevas. Algunas farmacéuticas ya se deben de frotar las zarpas con la posibilidad de enfermedades crónicas de más de 100 años de duración. Y no te digo las clínicas de estética y los sanadores. Yo en esto de la salud tengo un mantra, una pregunta que escuché hace un tiempo, y que me vuelve como una melodía inacabada cuando me pongo hipocondríaco: ¿Se puede estar sano en un mundo enfermo? Obviamente, no.

Hace un tiempo leí aquello de que casi nos pasamos el tercio de la vida durmiendo. O sea que si fuéramos bendecidos con una larga vida - pongamos 80 años-, eso supondría de veinte a treinta años de sueños, de un estado de no conciencia. Pero si a ése tercio le añadiéramos todos los momentos en los que nuestro estado no puede ser tildado de plenamente conciente, es decir, de todas aquellas horas de las que nada recordaremos porque simplemente no estábamos allí, sino en otra dimensión de nuestra ensoñación, fantaseando, pensando en otra cosa, en cualquier otra cosa menos en lo que estamos viviendo, menos en el aquí y ahora, concientes como un ojo que nunca se cerrara; sí a ése -ya inmensurable- despiste, le sumáramos además los momentos en los que nuestra conciencia ordinaria está alterada (sea por la regla, las drogas o medicamentos, las iras, el abandono…) comprobaríamos que nuestra vida realmente conciente es más bien mínima. Visto lo visto, por tanto, no creo que se nos pueda –ni, sobre todo, se nos deba- pedir más. Ya suficientes entuertos causamos aprovechando solo una mínima parte de nuestra capacidad intelectual, como para dedicarnos profesionalmente a ello. Propongo un nuevo paradigma, ya que está de moda: el Slow Intelligency se podría llamar. Pensemos más lento. Paremos de tener ideas, por favor. Lo nuevo no es siempre mejor. La arruga, incluso la mental, es bella. Pero la Muerte, también: no en vano es el tema del que siempre y más a menudo se ha alimentado el arte. Y es la sola y única certeza que tenemos durante nuestras vidas. Por mucho que siempre intentemos darle la espalda.

viernes, 11 de septiembre de 2009


cerrado por vacaciones

martes, 7 de julio de 2009

Oh! he descubierto la poesía!



Las Fauces

El tiempo, mi tiempo,
se estira como u n c h i c l e,
pendiente de tu boca y de sus hijas.
Ante mi se extiende liviana
la eternidad, como una alfombra,
y yo me inclino hasta que mi frente besa el suelo
y orando te llamo.
¡Qué no daría por estar ya al otro lado del puente!

Mas el destino gusta de la trama
Y de marcar sus propios ritmos;
Se demora en los argumentos
En los decorados, en los diálogos,
Y a veces hasta abusa de los silencios.
Soy prisionero ahora de su tictac
Atado al insomnio con sus caprichosas cadenas.
Y todo podría convertirse en excusa
Para acabar
Como acaba la mariposa en la telaraña.

martes, 12 de mayo de 2009

momentos de infelicidad



La naúsea



Todas mis desgracias fueron de juventud, tardes grises de hormigón y alambradas en el liceo francés de barcelona, tardes oscuras de invierno, con las luces de clase encendidas desde las cuatro con el estúpido propósito de iluminar tanto desamparo. Fue en tardes como aquéllas, a menudo lluviosas, en las que la humedad se deslizaba desde las ventanas hasta nuestras vidas, transformando nuestros sueños y esperanzas en musgo plomizo; y esas horas que se estiraban sin límite, horas en las que se erigían universos enteros, con sus sagas y sus Apocalipsis completos, horas de cien minutos, que contradecían las teorías enunciadas por nuestro profesor de física. Allí, allí, encerradas como ganado treinta seis almas que solo ansiaban estar lejos,
mar adentro.

Gran parte de mis desdichas se forjaron aquéllas tardes eternas, en las que día tras día, sombríos educadores se encargaron de ir cortándonos las alas -nuestras propias alas-, hasta que un día ya no crecieron. Su memoria, su existencia incluso, y buena parte de nuestra naturaleza quedaron sepultadas bajo la sobredosis de miles de esos vocablos sin sustancia que nos inocularon sin descanso: predicado, eucariota, pluscuamperfecto, interés variable, hipotenusa, financiación a plazo...

Recuerdo el olor de esas tardes cerradas, tribulación de un aula a rebosar de hormonas, sudor y colonias de pago, y ese tufo a neuronas tostadas que acababan por impregnar hasta los pupitres de fórmica y hierro. Todas mis ilusiones rebotando por las geometrías infames de la arquitectura civil, por aquellas aulas cuadradas diseñadas para cuadricular nuestras mentes, para ayudar a convertir a aquellos lobeznos en hombres de pro, y a aquellas princesas en secretarias de empresa. Al andar por los uniformados pasillos de aquella institución represora, si prestaban la suficiente atención, podías escuchar el ruido de tantos sueños rotos quebrándose bajo tus pies.

Yo conseguí escaparme del tedio metiéndome la vacuna por la vena, y conseguí hacer añicos buena parte del odio y de la frustración generada por tamaña castración. Claro que también me hice añicos el hígado… No fue una venganza: de hecho, yo quedé jodido y el sistema ha seguido igual. Pero conseguí irme tan lejos que ya nunca más supe volver.